Escribía en mi otro blog mis preocupaciones (y aquí) (y aquí) sobre la mamografía de diagnóstico precoz o temprano en mujeres jóvenes. En nuestro medio, algunos políticos pelean por hacer más (mamografía anual desde los 40 años en vez de bienal desde los 50 años). La ciencia y la evidencia no apoya con claridad ese cambio. El último NEJM arroja luz al debate. Veamos:
Premisa: El cáncer de mama es una enfermedad muy heterogénea. Hace siglos, a algunas mujeres, sobre todo mayores, les salía un bulto. O una úlcera. O un masón (masa grande). A menudo no lo comentaba. Cada vez más enferma, y si no se moría de otra cosa, palmaba de cáncer de mama metastásico. Desde los avances comentados, cada vez se encontraban cáncer más pequeños y se curaban más. Y llegó la mamografía para encontrarlo antes de poderlo tocar. Y el debate actual.
El beneficio de la prueba es bastante homogéneo y continuo. No hay una edad en la que no detecte, y en la siguiente sí. Así que se pone un nivel a partir del cual haya un beneficio neto evidente. Pero en el modelo antiguo se ponía una raya: Hasta aquí, no beneficio, desde aquí, sí.
Y el debate: El beneficio neto depende del riesgo de enfermedad que tengan las mujeres que se miran. Y como las jóvenes no suelen tener una incidencia alta, no llegan a beneficiarse de la campaña. En cifras: "Para las mujeres entre las edades de 40 y 49 años, la tasa de falsos positivos es bastante alta, y los beneficios esperados muy bajos: se tendrían que invitar a participar más de 1900 mujeres para evitar una sola muerte por cáncer de mama durante 11 años de seguimiento, más de 20.000 visitas para estudios diagnósticos y aproximadamente 2000 falsos positivos. Por el contrario, para las mujeres entre las edades de 60 a 69 años, con menos de 400 mujeres invitadas se evita una muerte por cáncer de mama durante 13 años de seguimiento, con unas 5000 visitas y 400 falsos. En resumen, como el riesgo de cáncer de mama aumenta, los beneficios de la mamografía aumentan, mientras que los daños relativos se convierten en cada vez menos significativos."
La solución: Se trazan dos rayas: Las que claramente no se benefician, las que sí, y entre ambos grupos, se reconoce la existencia de una zona gris.
¿Y que hacer con esas mujeres de la zona gris? Pues lo que dice el sentido común: Consulte a su médico. Para cada mujer, por factores familiares, psicológicos, historia personal y ginecológico-obstétrica, edad, etc, se puede calcular (incluso por internet) el riesgo de desarrollar un cáncer de mama, y el beneficio particular de hacer estudios extra.
Termina el artículo insinuando a la americana, esto es, sin acritú, que actualmente la decisión de tanta mamografía allí la toman los propios interesados, un poco como si aquí se pusiera el sueldo el trabajador, o la necesidad de que tú tengas un número determinado de pantalones vaqueros lo ponga el fabricante de vaqueros. Pues eso. A reflexionar acerca de los motivos (no científicos) para cambiar el programa de screening que puede tener cada uno en el País Vasco.
