miércoles, 8 de septiembre de 2010

¿Y a qué precio?

Imagen tomada del diario digital de Alzira

Empiezan a ser más frecuentes las noticias alarmantes sobre gentes, en general en los Estados Unidos de Norteamérica, que se ven obligados a renunciar a tratamientos debido a su coste. Esto se veía ocasionalmente con hormonoterapia paliativa en cáncer de mama (gente que no se podía pagar la hormona nueva más cara, incluso ninguna, para vivir unos meses más y mejor), pero en época de crisis va a más. 

En otros países directamente no disponen de quimio y/radioterapia, incluso en casos que serían curables, como germinales de testículo o linfomas.

En nuestro privilegiado medio (aún) disponemos de todo. Que ¿de cuánto estamos hablando? Se calcula que en España al año cuesta más de 1.730 millones de euros. Sólo un hospital terciario se gasta cada año más de 18 millones de euracos sólo en quimioterapia. En algunos casos, justificadísimo. En otros, quién sabe. Como dicen Becker, Murphy y Philipson (2007), el valor de la vida no es lineal, la esperanza posee valor y el valor individual puede ser menor que el valor social de la vida. Es decir, que si es para mí (o los míos) y puedo, me lo gasto, aunque sea para poco. Y estamos hablando de 300.000 euros por año de vida ganado, algo que no parece ser sostenible en nuestro sistema.

Os dejo con unas breves disquisiciones sobre el tema. Para reflexionar.

2 comentarios:

BULBUL dijo...

Mi opinión sobre este tema probablemente no sea muy "moderna", pero es la que tengo: somos médicos, no gestores. Si las Autoridades Sanitarias aprueban un fármaco y está indicado, sinceramente, lo que menos me importa es el precio. Si dichas Autoridades Sanitarias creen que es demasiado para lo que ofrece o que no aporta ventajas sobre otros más baratos, simplemente, que tengan lo que hay que tener y no lo autoricen. Pero claro, es más fácil que todo "cuele", se autoriza casi todo lo "novedoso", y luego se pasa la responsabilidad del elevado gasto al prescriptor, es decir, a nosotros los médicos. Insisto, si desde las altas esferas se piensa que el precio de un fármaco es demasiado elevado para lo que aporta, que no se autorice y punto.

Ramón dijo...

Un ejemplo lo tenemos en la trabectedina (yondelis(r)). Aporta, pero poquito, en cáncer de ovario. Con la empresa fabricante (española) con el agua al cuello, la FDA lo deniega, y a punto del colapso, la EMEA va y lo aprueba. Balón de oxígeno para la empresa. Los clínicos disponemos de yondelis y sabemos lo que da de sí. Y a que precio. Pero ¿lo usaremos?
Otro ejemplo: Mira el Avastín en mama metastásica (http://oncoblog-bulbul.blogspot.com/2010/09/avastin-y-cancer-de-mama-en-eeuu.html). Retirado por la cara (y la pela). Miles de millones.
Yo creo que los médicos sí tenemos voto en el tema "gestión de la pasta", pero no como lo plantean actualmente los gestores: "eh, tú, no gastes tanto" Hay que mirar otras cosas, no solo la factura.